17 de septiembre: el otoño empieza a mostrar diferencias entre el
fondo y el exterior de Lubierri
June Hidalgo
El pasado 17 de septiembre regresamos al Parque Natural de
Urbasa-Andia para continuar con el seguimiento fenológico de las hayas de la
dolina de Lubierri. Tras haber monitorizado durante la primavera la brotación y
el desarrollo de las hojas, y haber retomado en agosto el seguimiento de la
senescencia, esta nueva visita nos permitió comprobar cómo estaba avanzando el
final del periodo vegetativo.
A simple vista, las diferencias entre las hayas situadas en el
exterior de la dolina (plateau) y las que crecen hacia el fondo (bottom)
eran ya apreciables. En las zonas exteriores observamos una senescencia más
avanzada, con una mayor proporción de hojas amarillentas, anaranjadas o ya
caídas, mientras que muchas de las hayas del fondo conservaban todavía una
cubierta más verde. Se trata por ahora de una observación preliminar, pero el
patrón resulta especialmente interesante al compararlo con lo observado durante
la primavera.
Evolución
estacional del hayedo de Lubierri desde la primavera hasta el inicio del otoño
de 2026.
Durante la primavera habíamos observado un desarrollo más tardío
de las hayas del fondo. Ahora, al inicio de la senescencia, el patrón parece
invertirse, ya que son los árboles del plateau los que muestran un
envejecimiento foliar más avanzado. Este posible cambio resulta especialmente
interesante después de un verano particularmente cálido y seco. Una de las
hipótesis que queremos explorar es si las condiciones microclimáticas del
fondo, más frescas al menos durante la noche, han podido amortiguar
parcialmente el estrés estival en comparación con las zonas exteriores.
Además del seguimiento visual, repetimos las fotografías
hemisféricas en los distintos puntos de muestreo. Estas imágenes nos permitirán
cuantificar la decoloración y la progresiva apertura del dosel a medida que
avance la caída de las hojas, y comparar de forma más objetiva la evolución
entre el fondo y el exterior de la dolina.
Aspecto del
hayedo durante la visita del 17 de septiembre. A lo largo de la ladera ya
podían apreciarse diferencias en el estado de senescencia de las hayas.
Como en visitas
anteriores, descargamos también los datos de los sensores de temperatura y
realizamos las labores habituales de mantenimiento. Además, volvimos a instalar
el datalogger de referencia en la zona abierta, fuera de la influencia directa
del dosel forestal. También revisamos los dendrómetros instalados en varias
hayas y, aunque habrá que analizar la serie completa, las medidas tomadas
durante esta visita sugieren que el crecimiento radial se ha estabilizado tras
el incremento registrado durante la primavera y el verano.
Izquierda: Datalogger
de referencia instalado en la zona abierta de la dolina, utilizado para
comparar las condiciones de temperatura y luz con las registradas bajo el dosel
forestal. Derecha: Detalle de las hojas acumuladas en el suelo durante la
visita.
Durante la jornada nos llamó especialmente la atención la
abundancia de hojas recién caídas que todavía conservaban su color verde. Este
tipo de caída puede estar asociado a situaciones de estrés y podría ser otra
señal de los efectos acumulados de la sequía y de las sucesivas olas de calor
que han caracterizado este tórrido verano de 2026.
Vista general de
la dolina de Obats durante la visita del 17 de septiembre. Aunque de forma
menos evidente que en Lubierri, también podían apreciarse diferencias en la
senescencia de las hayas a lo largo de la ladera.
Aprovechamos también la visita para acercarnos a la dolina de
Obats y comprobar si el patrón observado en Lubierri podía reconocerse en otro
enclave similar. Aunque en este caso las diferencias no eran tan marcadas,
también se apreciaban ligeros cambios en el estado de senescencia de las hayas
a lo largo de la ladera.
Durante las próximas semanas seguiremos visitando Lubierri para
acompañar la evolución del hayedo hasta completar el ciclo fenológico de 2026.
El análisis conjunto de las imágenes, las observaciones de campo y los
registros microclimáticos nos permitirá comprobar si las diferencias entre el
fondo y el exterior de la dolina se mantienen también durante la senescencia y
hasta qué punto este microclima particular condiciona la duración del periodo
vegetativo.